Considerado durante décadas un calzado conservador, el mocasín regresa al guardarropa masculino para desafiar el dominio de la zapatilla deportiva con nuevos colores y estilos.

“Hay una especie de obsesión por los mocasines y estamos sin stock desde septiembre. Es un zapato para todo el año, compatible con todos los looks, funcional y versátil”, explica a la AFP Graziella Dubief, responsable de compras de calzado de las Galerías Lafayette de París.

Pierre Hardy, creador de calzado para la marca de lujo Hermès y también para su propia marca, también confirma “una subida apreciable” de la demanda, “esta temporada y en las compras de verano”.

Tras el confinamiento “hay una especie de cansancio del estilo casero. Ahora que tenemos permiso para salir queremos cosas más elegantes”, explicó a la AFP.

En Londres “cada vez hay menos zapatillas en los desfiles, los clientes toman nota, cada vez más gente está dispuesta a mezclar ropa casual y seria”, dijo a la AFP Thom Scherdel, gerente de compras de las tiendas Browns.

“El calzado formal está ganando terreno entre los compradores por primera vez en años”, según un informe del sitio web especializado Business of Fashion.

El calzado de diseñador (para hombres y mujeres) tiene un valor aproximado de $31 mil millones al año, y Business of Fashion estima que aumentará a $40 mil millones en los próximos cuatro años.

“Hemos llegado a un exceso con las zapatillas”, concluye un analista francés, Serge Carreira.

“Para cada moda hay un efecto boomerang”, dijo a la AFP Olivier Saillard, historiador de la moda y director artístico de JM Weston, un fabricante francés de mocasines de lujo.

El calzado deportivo, en particular el asociado al baloncesto, tuvo un auge espectacular a lo largo de la década de los 2000 con la colaboración de prestigiosos diseñadores de moda.

Marcas como Nike, Adidas o New Balance apelaron a creadores como Jacquemus, mientras que marcas históricas como Balenciaga siguieron este camino a la inversa, pidiendo la aportación de las casas deportivas para volver de forma espectacular a recuperar público entre los más jóvenes.

Para Olivier Saillard, los jóvenes que hoy compran un par de Westons (zapatos que cuestan cientos de dólares) buscan un “valor” agregado.

Esta marca fabrica los zapatos íntegramente en su planta de Limoges (centro), donde los operarios también reparan zapatos para los clientes.

Hay variaciones, por supuesto: un mocasín de triple suela, que le da un aire más “rocker” al cliente, o un modelo todoterreno, para los que les gusta lucir un look montañero.

Pero el clásico mocasín negro, fino, creado en 1946, es el que más sigue vendiendo la marca.

Hay clientas que se atreven a romper la formalidad con calcetines de fantasía. Otros con pantalones deportivos.

“Me gusta usar zapatos de adulto. En mi oficio, es tranquilizador”, dijo a la AFP Romain Costa, un arquitecto parisino de 32 años. Además, explica, “son zapatos que envejecen mejor”.

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By Nacion

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